gemas

             

           HISTORIA DEL DIAMANTE

Existen yacimientos diamantíferos en muchos lugares de la Tierra. Muy favorecidos son Africa y Siberia. Hasta el siglo XVIII llegaban ocasionalmente diamantes de Borneo, pero sobre todo de la India, entre ellos numerosas piedras grandes de valor histórico. Africa del Suroeste es también un importante país diamantífero. Incluso barcos especiales extraen desde 1961 diamantes del fondo del mar. La proporción de diamantes para joyería es alta. Posteriormente la antigua URSS se incluyó entre los grandes productores de diamantes. 

El primer escrito que menciona al diamante es el libro del Éxodo al referirse al pectoral del gran sacerdote Aaron (1200 a.C.). Dios manda a Moisés que represente cada tribu con una piedra preciosa, especificando en que orden debe colocar las piedras y además que estas debían de estar grabadas cada una con el nombre de una tribu y el sumo sacerdote debía de portarlas sobre el pecho.

Pues bien cada una de estas piedras estaba grabada con una letra alfabética, o un signo que representaba a cada una de las doce tribus de Israel. La tercera piedra de la segunda fila del pectoral era el diamante, "Yiahalóm" el cual rompe todas las piedras. No obstante es seguro que la designada como diamante no lo fuera realmente porque aunque su tamaño ya hace desconfiar (6 x 4 cm) estaba grabada y para ello hubo que esperar hasta el siglo II.

Es casi seguro que muchas referencias que se hacen de diamantes en antiguos escritos no eran auténticos diamantes si no otras gemas incoloras, especialmente corindones o topacios. Hay que esperar al siglo I d.C. para encontrar una referencia totalmente fiable en la Historia Natural de Plinio el Viejo. Este sabio romano, nacido en el año 23 de nuestra era y muerto mientras estudiaba la erupción del Vesubio en el año 79, dedicó un volumen de su "Historia Natural" a las piedras preciosas.

En los primeros siglos de nuestra era los romanos llevaban diamantes montados en anillos de oro. En la época de Plinio ( 23-79 d.C.) el anillo se fabricaba de hierro. El oro fue introducido un tiempo después, en el siglo II d.C.

Una de las primeras piezas montadas con diamantes, la Santa Corona de Hungría o Corona de San Esteban, tiene figuras del Emperador de los romanos (Miguel Dunkas) y el Rey de Hungría (Geza I), y esto indica que se trata de un presente de Bizancio a la Corte Real Húngara hecho entre el año 1074, cuando Geza ascendió al trono, ó 1078, cuando Dunkas perdió el suyo. Después de la segunda Guerra Mundial fue llevada a los E.E.U.U. y devuelta a Hungría en 1978 por el Presidente Carter.

En los siglos XI y XII se empieza a usar algún anillo con diamantes muy toscamente pulidos y con sólo una faceta aparente (la obtenida por exfoliación). En la colección del famoso "Príncipe Negro" (Eduardo Príncipe de Gales 1330/76), había numerosas sortijas con diamantes en punta.